Bueno solucionado el estudio de Sharik, habían otra serie de problemas que se debían pensar, entre ellos cómo iba a desplazarse a la universidad, dado que al ser en la noches sus padres no podrían hacerlo, y además, sería de alguna u otra manera sospechoso. Así que se pensó en regalarle un carro, pero también era peligroso e imposible, pues por su deficiencia visual no le otorgaban la licencia de conducción, ya que en las noches era muy dificultoso para ella distinguir siluetas y contrastes, era como si todo se le entremezclaba en una sola mancha. No obstante, Eva, la nana de Sharik propuso una buena alternativa al postular a su hijo Andrés como el chofer de la joven, solución por la que optaron pues Eva era como de la familia y dicha confianza fue trascendida a su hijo de 22 años, quien también conocía indirectamente la historia de Sharik.
Dicha noticia le alegró mucho a la joven, pues sentía que su vida estaba dando un giro trascendental, y aunque durante su vida no había manifestado nunca su inconformidad, vivía una disyuntiva interior de si ser agradecida con la vida y sus padres era sinónimo de ser sumisa, obediente y cautiva de la sobreprotección a la que estaba sometida, en ocasiones se preguntaba si esconderse había sido la mejor opción, o si quizás habría podido encajar en la sociedad a pesar de su condición genética, al fin y al cabo ya no estaba en África. No obstante, evitaba pensar en ese conflicto interno y actuar como siempre lo había hecho, ya que de alguna u otra manera estaba liberándose un poco.
Una semana después de aceptada la propuesta, Andrés fue empleado en la casa de los Sarasti Henao, y se le otorgó su cuarto y otras pequeñas funciones en el día, como mensajería, algo en realidad muy poco demandante de tiempo, que le dejaba largos lapsos que le dieron espacio para empezar a romper la timidez de Sharik hacia los hombres, pues ella nunca había tenido relación alguna con un joven ajeno a sus familia. Andrés fue muy paciente, y entre sarcasmos y pequeños chistes se ganó la confianza de Sharik, quien le contó de manera más clara su historia, y quien rápidamente agotó sus temas de conversación.
Lo que evidenció otro gran problema, pues si Sharik pretendía disimular lo más posible su condición, lo mínimo que debía saber era cómo manejar y dejar fluir una conversación que para la mayoría de jóvenes era cotidiana. Eso incluía conocer temáticas usuales entre los jóvenes, principalmente de todo lo referente a la vida social, como tragos, lugares,relaciones amorosas, rumba y hasta la misma jerga. Por esta razón, Andrés comenzó a contarle a Sharik qué hacía en sus tiempos de diversión, como era la relación con sus amigos, los ambientes de rumba y lo bien que la pasaba, los lugares que frecuentaba y con qué tipos de situaciones se había encontrado, como peleas, borracheras, personas en situación de drogas, y las mujeres que había conocido. Entre ellas su exnovia, con la que hacía poco había terminado, y de quien,según Sharik notaba, evitaba hablar, él solo decía que eso de enamorarse era muy bacano al principio pero que después ya todo se volvía una mierda.
A través de esas conversaciones fue como Sharik tuvo su primer acercamiento a la realidad que hasta ahora no experimentaba, y como Andrés era un joven muy abierto y extrovertido tenía muchas historias divertidas que contar, Sharik pasaba horas enteras de charla en charla con las que se entretenía y soltaba unas carcajadas que desde niña no hacía. Ella estaba tan feliz con su primer amigo, que sus padres le tomaron un gran aprecio a Andrés, cariño proporcional a la confianza con la que le entregaron a su hija.
Así pasó el tiempo, y una semana antes de entrar a la universidad, Andrés fue enviado a hacer una diligencia bancaria a un centro comercial, y mientras caminaba hacia el banco, pasó por una tienda muy particular que pensó le podía interesar a Sharik. Así que tan pronto como llegó a la casa, le propuso a ella una irreverente forma de solucionar la preocupación que desde hace unos días la venía aquejando, el miedo a ser descubierta por su peluca negra. Pues en la vitrina de esa tienda, él pudo observar gran variedad de pelucas de colores, que ella podría usar como un accesorio diario que se prestaba para ser combinado con su ropa e incluso con sus gafas.
A Sharik le encantó la idea, pero el problema ahora sería convencer a sus padres, cosa que no fue muy difícil, pues aunque extraño, ellos le dieron la libertad de elegir qué quería hacer, es decir, que si ella en realidad pensaba que llamando mucho la atención desviaría el punto a descubrir, pues que lo hiciera, siempre y cuando se sintiera cómoda. Al día siguiente, en las horas de la noche, y en compañía de su madre, Sharik compró una docena de pelucas que atravesaban la gama primaria y secundaria de los colores, un par de marcos de gafas, para completar el mismo número de pelucas en gafas con su respectivo color, una agenda universitaria, y lapiceros con que apuntar. Sharik estaba lista para entrar a la U.
El primer día de universitaria no tuvo mucha novedad, pues al ser el día de inducción, solo se tuvo lugar a una reunión en el auditorio central, donde les tenían planeado un performance de bienvenida sencillo, pero cuya magia paradójicamente se centraba en el juego de luces, así que Sharik disimuladamente tomó un lugar lo más lejos posible de la tarima, para así disminuir la incomodidad que le generaba lo que para los demás era un bello espectáculo. Ese día se le asignaron algunas pautas y directrices para su buen de desempeño en la universidad y como la mayor parte del tiempo la luz del auditorio estuvo apagado, no se dio tanto pie para que los demás observaran el atuendo rojo que llevaba desde los pies hasta la cabeza, todas sus prendas eran de ese color.
La inducción no demoró mucho, y como la hora estimada de llegada a la casa era a las 11 de la noche y eran tan solo las 9, Sharik le pidió a Andrés que la llevara a dar una vuelta, que hiciera de cuenta que ella no estaba ahí, y que ese carro era suyo, entonces que fuera donde el iría a esas horas de la noche. Sin embargo, tratándose de lunes para Andrés no había mucho que visitar y mostrar, así que terminaron sentados en la Novena comiendo un par de hamburguesas, ella con su atuendo llamativo pero fresco, y él como testigo de la libertad que Sharik empezaba a vivir en algo tan simple como comer una hamburguesa, en compañía de otros jóvenes.
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