Sharik Sarasti Henao es una adolescente de dieciséis años nacida, según su documento de identidad, el 18 de Noviembre de 1995 en Cali-Colombia. Es una joven esbelta de tez muy blanca y palida, labios pronunciados y cabello negro liso, tiene aproximadamente 1 metro con sesenta centímetros de estatura, usa siempre lentes oscuros de distintos colores, así como también, ropa en esas mismas tonalidades.
Durante toda su vida Sharik ha vivido con sus padres, su abuela y su hermana mayor en una casa campestre a las afueras de la ciudad. Ha sido ahí donde siempre ha desarrollado su vida, donde tomó clases educativas personalizadas, e incluso donde hace 2 meses recibió su diploma de bachiller. Lo que quiere decir que nunca fue a un colegio, y que su contacto con la ciudad es muy limitado. Así mismo, el círculo social de sharik es reducido, cuyos componentes son sus familiares más cercanos, tres amigas de toda la vida (del vecindario) y la servidumbre del hogar.
Pasa sus días leyendo e investigando acerca de la genética humana, ese es el tema que la apasiona, y que más que a los seres humanos que la rodean, ha determinado su estilo de vida. Sharik en realidad no es caleña, ni siquiera es Colombiana, ella es oriunda de África, más exactamente de Tanzania. De esa, su cultura, solo conserva su nombre, cuyo significado es “Hija de Dios, hija a quien el sol brilla”, significado que hace alusión perfecta a su condición, ella es Albina.
Sharik fue traída ilegalmente a Cali por Lucia, su madre adoptiva, quien es sicóloga, trabajadora social y miembro activo de la ONU (Organización de Naciones Unidas). Todo comenzó en julio de 1996 cuando Lucia como parte del programa ONUSIDA arribó al norte Tanzania, sector donde los altos índices de la enfermedad estaban acabando con gran parte de la población. Durante dicha intervención de diagnostico y evaluación que duraría 4meses, Lucia tuvo mucho contacto con enfermos terminales, y aunque todas las historias eran estremecedoras, la de Kamaria, la madre biológica de Sharik, la impactó. El vinculo que hicieron en ese poco tiempo, fue muy fuerte, Kamaria en su muerte lenta, proyectaba gran calidad humana, tenía una mirada bondadosa y una razón muy fuerte que la mantenía viva, su hija.
Kamaria sabía que si ella moría, Sharik también lo haría, y de una manera más triste y trágica, por una razón sin sentido de la cual durante esos 8 meses la había protegido, pero que ella sabía era una bomba de tiempo. En Tanzania, las personas albinas eran perseguidas por cazadores de albinos, quienes con la sangre, pelo, genitales y extremidades de sus víctimas hacían un jugoso negoció con los hechiceros, quienes hacían supuestas “pociones” que generaban suerte en el amor, los negocios y la vida en general. Y lo que es peor, las niñas albinas antes de ser ejecutadas, eran violadas, pues según la creencia, cualquier hombre con sida al acostarse con una niña albina quedaba curado.
Dada esta horrible, pero real situación, Lucia poniendo en juego su carrera profesional, tras una promesa en el lecho de muerte de Kamaria, elaboró todo un plan que le permitió traer a Sharik consigo. Una vez Lucia llegó, cumplió con el compromiso de matrimonio que tenía, y fue así como rápidamente Sharik tuvo un hogar, una familia que conmovida por su fuerte historia la acogió y la adoptó como un miembro más a quien amar.
A Sharik siempre se le contó la verdad, su verdad. No solo porque tenía derecho a saberla, sino porque también se tenía que justificar la sobreprotección y las restricciones que su enfermedad le causaba. Evitar es lo único que podían hacer por su enfermedad, pues su vulnerabilidad al sol y a la luz, no tiene cura, como tampoco lo tenían los prejuicios y la discriminación de la sociedad hacia un ser diferente.
Hasta los 16 años de vida, la vida de Sharik había sido lo más feliz y llevadera posible, le daban todo lo que pedía, tenía una enorme biblioteca que devoraba día tras día, una avanzada computadora y el acceso, aunque diferente, a la educación. No obstante, traer una universidad hacia Sharik era algo que ya les salía de las manos a Lucia y Javier, su esposo. Y el sueño y el empeño de Sharik por estudiar y ser una gran científica especializada en genética era más fuerte que cualquier obstáculo.
Fue por esta razón, que mediante dialogar y discutir en familia, Sharik entró al programa Nocturno de Biología y Genética de la Universidad de San Ignacio. Como se había dicho, ella acostumbraba a usar ropa oscura con mangas largas, a usar gafas de colores, que la protegieran del sol y le ayudaran a ver. No obstante, ahora en la Universidad, además de lo anterior, deberían ocultar sus estremecedores ojos rosados. En cuanto a su cabellera, aquella risada y blanca que durante 16 años lució suelta, debió hacerla a un lado y remplazarla por una incómoda peluca negra. Sharik temerosa pero feliz, era una universitaria más de esa cotidianidad urbana que creía inalcanzable.

